martes, 9 de julio de 2013

Ensoñación





Apenas alcancé a ver el olvido. Una lágrima al vacío.


 
La muerte es como una flor que se abre y se cierra.
Como el flujo de las corrientes del mar.

A veces en hilos profundo
que dan vuelta al mundo,
avisando de boca en boca
la despedida de la persona.

A la vuelta, viene y besa la arena
en olas estruendosas.
Son flores, ramos frescos,
rezos y las lágrimas de los deudos.

Como el viento en las planicies
y el canto a la libertad
entre las ramas de los árboles.

Es una flor que se abre y que se cierra,
que va de boca en boca,
como queriéndose quedar,
sin su cuerpo, entre nosotros.

Efrapi/ 9 de Julio 2013

viernes, 14 de junio de 2013

Whisky-to

-->



 “Algunas personas nunca enloquecen. Tendrán unas vidas realmente horribles”Bokowsky. Foto, Tren al olvido.




Después que salió de la habitación y la oscuridad acompañaba al humo de mi tabaco, tomé dos tragos del whisky y seguí pensando en la importancia que tiene la palabra. No era en ni un caso el asunto fonético y esas posibilidades métricas que de pronto parecen hilar ideas o imágenes que contaminan de sentimientos a los sensibles. Tampoco me concentré en esas cualidades gramaticales que proponen las celdas oportunas para que las ideas no vuelen libremente. Más bien, era todo eso a la vez, lo que yo estaba pensando se relacionaba con el potencial que tiene la palabra para ordenar el universo o para construir verdades, ilusiones y hasta dogmas, como esas que fueron dichas y luego creídas bajo el nombre de “La palabra del señor”. Era esto, el potencial que tiene la palabra para nombrar las cosas y determinarles un sentido.
Así que pongo un hielito al vaso para que las rocas medien entre mi alcohol y mi oscuridad. Ya saben, las personas encuentran en la palabra, y su concordancia con el hacer, no sólo la manera de dotar de sentido y orden a la realidad sino que también es ahí donde se determina la cara del sujeto, el sustento último que define a la persona. Un cigarro en la mano y un whisky en mi vaso permitirían pensar que soy un hombre exitoso, pero, también, podría ser que sólo soy un alcohólico con buen suerte. No es que el hielo de mi whisky haya enfriado la oscuridad y me estuviese carcomiendo la soledad con sus dientes vertiginosos, era en todo caso descubrir la garras bondadosas de los vocablos para, en un primer momento, dibujar una habitación oscura y, en un segundo estar, lanzarse furiosos a sujetarme presa entre mis propias conclusiones.
Tercer vaso al hilo de la noche. La “persona”, la “verdad”, las “ilusiones”, la “ética”, mmmh… acá lo único serio es que hay que pararse hasta la cajetilla de cigarros, ¡ojala las palabras también tuvieran ese poder de acercarme el atado, un encendedor y el cenicero! Pero nada, mi mareo y, en general, la realidad se anda sin miramiento con las palabras, no les hace caso, se revela y hasta las contradice, por ejemplo: Dios nunca existió y nomás de imaginar a las personas del medioevo quedarse sin su verdad y perdidos en el abismo sin saber cómo actuar, me produce más sed y una carcajada infinita. En estos momentos las bases sólidas de su ilusión, perdón de su verdad, dejaban sin fundamento la persona que hasta entonces les había funcionado.
Enciendo mi cigarrito, exhalo, y entre el humo de la bocanada doy un paso hacia la disyuntiva ¿la representación es parte de la realidad o, cómo representación, se queda al margen de lo real? Ya habrá quien responda desde su sano juicio. Yo lo que digo es que las palabras desde su calidad de representación me sujetan a una verdad que, más o menos razonada, aprendí por ahí y a la que de pronto trato de ser fiel. Particularmente mi representación poco, o nada, tiene que ver con una explicación divina de las cosas pero tampoco me convence la línea científica y sus limitaciones objetivas. Habrá que ver a qué le tiene fe el mundo.
Por la calle comienzan a sonar los aullidos de los perros que corean el ulular de las ambulancias, es una noche húmeda de lluvia y neblina de esas que hacen difícil ver lo que es y lo que hay. Amargo para el hielo, vaso a los labios y tragos veloces sin bocanadas de aire. Después de todo las personas saben hasta dónde cumplen su palabra y la fidelidad al rostro que muestran. No es simplemente un estar puntual con sus promesas mundanas del hacer cotidiano y su relacionarse con el mundo. También tiene que ver con el entripamiento y esa manera tan especial que se han construido para civilizar sus pasiones  y enfrentar los posible estigmas o, por el contrario, tramitar el éxito.  Todo mundo tiene una verdad que defiende, una ilusión que rige su vida, un marco de palabras y verdades aprendido mientras que el bebé se ha ido socializando hasta hacerse hombre (probablemente de “bien”).
Entonces la sujeción de las palabras cobra un alo liberador que te ubica en el espacio y le da sentido a tu andar, un tipo de sentido con la mira ajustable. La palabra no es aquella enmienda que hace del individuo un ser supremo, pero si lo dota de una máscara que le permite estar y ser en sociedad. Hay tipos que le ponen gaseosa a sus bebidas y otros prefieren la cerveza, pero al final siguen estando en la fiesta destruyéndose de felicidad. A lo largo de las horas van exponiendo su curriculum vitae y esperando atraer al sexo opuesto se disfrazan de entes emprendedores y con un futuro brillante o, por lo menos, con una verdad que los rige y a la que son leales. Si las cosas salen bien y la fiesta termina en orgasmos, al paso de los meses uno se va dando cuenta de que lado cojea el súper héroe. Los actos y actitudes respaldan o ridiculizan las palabras, digo, la máscara que se ha utilizado al momento de las copas de vino, risas enloquecidas y promesas de futuro y erotismo.
Yo por ejemplo, ahora sirvo un trago más y comienzo a ver todo tambalearse, como si las puertas de la percepción hubiesen tenido una falla al abrirse y no me permiten ver el infinito, pero si la manera en que la realidad se derrite. En el hacer y en el decir existe un vinculo que no es sencillo pero que conforta de la relación entre la palabra y la realidad. De adentro hacia fuera, se podría decir que es la forma en que se protege el pensamiento de un sustento vacío de eticidad, y a la vez, es la comprensión o no de esas nimiedades en las que nos involucramos en el día a día. Nimiedades que bien podrían estar relacionadas y, en su carácter de nimias, estar fundamentando la construcción de un mundo mejor, de hacer realizable la representación, de ponerle veracidad a lo que se dice, de concretar el sueño.

Eufemio Franco Pimentel
14 de Junio 2013

jueves, 30 de mayo de 2013

Luz de luna en un desierto sin agua




                                                    Foto: Contenedor de Nubes. Daniela Tarhuni
-->

Luz de luna en un desierto sin agua,
Labios y mirada al horizonte.
Hace un rato se fue la presencia blanca
La sabana transparente y el alo reconfortante.
Hace un tiempo que ando sólo degustando
Mi mirar:
            Los cactos espinosos
            Las flores rojizas y amarillas
            El oscurecimiento del día
            El vuelo de las brujas

Más allá en el monte plateado
Se mueve el venado.
Más allá, cerca del cielo, el búho
Habla y ordena el cosmos.
El águila acecha a su presa.
Mi piel descansa sobre la arena áspera.

Es momento de silencio, dijo una cascabel,
Bajo el rayo de sol del medio día que pasó,
Un ayer, hace tiempo.
Cautela, caminó el puma con pasos avisados
Entre los matorrales,
En el suelo, un chuzo Huichol.
Es momento de la pregunta,
Guía Tatahari, Dios del fuego.

Eufemio Franco Pimentel
29 de mayo 2013

lunes, 13 de mayo de 2013

La inmortalidad del cangrejo


  

 A mi Felo querido ahora que cumple sus 2000 años.
Me duele la cabeza, como si esta le pesara al cuello, como si tuviera un sueño atrasado esperando la hora de dejarse fluir. Es un extraño aletargamiento que va consumiendo mi tiempo en un paso que parece no decir nada, es como si sólo se escurriese el agua por la alcantarilla hasta llegar al drenaje profundo.

Trato de leer pero las palabras se pierden en oraciones y luego en párrafos que carecen de sentido. En otros momentos he dicho que es como si “el texto me sacara” por que mientras mis ojos avanzan por las pesadas filas de letras mi pensamiento se vuela hacia cualquier otro lado del mundo. A veces para imaginar lo que vivo con mi novia y lo delicioso de sus besos, senos y caderas; a veces para enclavarme en problemas reales y de carácter inmediato como las cuentas de hacienda o alguna otra de ese tipo de actividades.
Algunos días, también, imagino acerca de si los filósofos deben tener libertad para pensar, y qué significaría esa libertad, o si los filósofos son gente que pone atención a lo que le rodea contradiciendo que sean personas que se encuentran abstraídas de la tierra. En otras palabras, me la paso pensando en la inmortalidad del cangrejo, por cierto, un cangrejo que avanza dando tumbos a lo largo de la vida y los escalones de la muerte.
De esta manera, en el texto dice que la sociología tiene diferentes métodos para abordar la realidad y que cada uno de éstos esconde una idea acerca de la humanidad y la forma en que se constituye la sociedad, y luego, muy al final el conocimiento. Y cuando me doy cuenta caigo en que yo estaba mirando por la ventana tratando de entender que la libertad del pensamiento se da justo en cada uno de los pasos del cangrejo de su inmortal vida. Son pasos que son lógicos y que requieren tener clara la coreografía completa, por mucho de que ésta sea el ritual de un dios pagano, opuesto a las creencias que tenemos.
En un intento desesperado por regresar al hilo de las letras, escritas por Bobes, en un texto metodológico, donde especifica que: “Esto implica: primero, una relación con el movimiento mismo, con sus militantes -conscientes de ser parte de un conflicto general-; segundo, ir más allá de los discursos ideológicos y descubrir el pensamiento de los grupos sobre sí mismos, y tercero, descifrar lo que está en juego para ellos. A tal efecto es preciso establecer una relación fuerte (y adecuada) entre el autoanálisis del grupo militante y la intervención del sociólogo.”  
Pero el cangrejo avanza insistentemente tratando de reflejarse y, entonces, de encontrarse a sí mismo en lo que le toca de esa realidad ¿qué parte de su andar responde a los acontecimientos expresados por el sociólogo? ¿cuál es la realidad a la que debe poner atención y que no depende de su pensamiento? Es difícil andar con los pasos del cangrejo, la realidad es tan omnipresente como limitada, de acuerdo a la manera en que a esta se le concibe. El ser cognoscente se dirime entre los límites de su propio pensamiento y los valores que defiende como verdades, escuchar lo que nos parece incomprensible es como una agresión que nos hace trastabillar. No es que cause admiración la existencia de argumentos que defienden lo “indefendible”, sino que además, causan repulsa y se vuelve incomprensible la manera en que se describe así mismo el “otro”. 
Eufemio Franco Pimentel
14 de mayo del 2013

Metáforas que marcan de por vida



Las ciencias sociales parten de una metáfora. Muchas veces las metáforas indican imágenes que no logran atraparlas completamente. Hay niveles de metáforas como las que se expresan en un poema, en las relaciones cara a cara, en el leguaje cotidiano. Hay metáforas que buscan explicar elementos indecibles y o netamente sin posibilidades de comprobación, tales como la religión o las elucubraciones que la filosofía hace con respecto a la ontología. Como sea, las metáforas hacen clara la diferencia entre el lenguaje y la realidad que describen.
¿Qué tipo de conocimiento se debe tener como base para hacer una reflexión acerca de la humanidad? ¿Qué tipo de información debe contener la metáfora que haga loable una determinada explicación acerca de la sociedad y su realidad? ¿Dilucidar sobre el origen de la especie humana, en realidad, es algo que los científicos sociales debemos tener como dado?
En la historia de la humanidad se han planteado varias formas para explicar el entorno, la ciencia se inscribe en esta articulación de conceptos que dotan de significado y sentido a la realidad. Quien posea la versión más aceptada del origen de nuestra actualidad tendrá, entonces, una fuerza ante el mundo impresionante. Tener segura la fuerza de la credibilidad y los argumentos suficientes para indicar el camino que enarbola “lo que se piensa que fue” acerca de “lo que fue”, hace posible convencer acerca del presente y de lo que está siendo, de lo que se supone será. Quien tenga la versión más aceptada tendrá el poder de imponer lo que se establecerá como saber.
Un día comenzaron las cosas justo cuando salía el sol. Y se plantea la observación de los astros como referente social, como indicadores del designios de las fuerzas divinas y el mundo de esa sociedad se regía en armonía con los hacedores de la vida. Otro versión. Suponer que las sociedades son la suma de los individuos que deciden libremente juntarse entorno a una comunidad presupone el desarrollo de teorías sociales inscritas bajo una línea iusnaturalista, de índole contractualista.
Comprender a la sociedad como un artificio construido voluntariamente por los hombres contiene una serie de implicaciones epistemológicas, ontológicas y metodológicas que se expresan en el resultado de las investigaciones. Luego, cuando se plantea que la sociedad existe antes que el mismo ser humano, no sólo se le está dando un giro a la propuesta contractualista sino que también derrumba gran parte de los saberes establecidos por ellos. Es plantear que el ser humano se forma en la convivencia y, podría comprenderse, que el pensamiento es un ejercicio social más que individual.
Me parece que cuestiones tales como el origen, la unidad de vida, y la verdad son temas que en todo discurso se presentan. El origen, como pregunta ontológica muchas veces recae sobre la idea con que se estructuran como sociedad y sus vínculos con seres divinos. La unidad de vida se refiere a la concepción del tiempo en la vida de un ser humano individual ¿Cuándo empieza y acaba la vida? Luego entonces la verdad como la expresión de un discurso que se construye como un marco valorativo que guía el actuar de los seres humanos. El matiz con que cada una de las culturas resuelve, sobre estos temas, tiene implicaciones en la organización de la estructura social.
En este sentido, cabe la posibilidad de que las ciencias sociales participan dentro de la conformación de lo que, en el presente, consideramos como verdad. La ciencia como esa parte activa que otorga los mecanismos infalibles para evitar la sustitución de la razón como eje motriz del pensamiento humano, tal como lo fue el dedo de dios. El estudio de las ciencias sociales no debe ser comprendido lejos de estas reflexiones, pues,  situar los principios de las ciencias sociales como una metáfora puede ser comprendida como una argucia con el poder de descalificar toda pretensión de validez..
Eufemio Franco Pimentel
17 de septiembre 07

miércoles, 6 de marzo de 2013

Transparencia



 
Una casa triste
que deja hueco el día.

Un sol que atraviesa 
la nítida transparencia
de un cielo sin sentido.

Suspiro frente a la nada
y me agarro de lo poco
que queda y que no me endeuda.

Es tiempo de frío y 
de una convicción que 
se abraza sola.


lunes, 3 de septiembre de 2012

Silencio


El viento gira al interior de la habitación,
sacude las telarañas,
se remueve la tranquilidad,
vibra el vacío, el amor se renueva,
se niega el estado de confort.

Nunca imaginó su cuerpo inerte,
siempre supo que la muerte
era la fuente de la vida

"Yo podría ser un árbol más,
perdido en el bosque,
gozando del frío y la niebla,
esperando que las ramas se adornen con el trino de los pájaros."

El día en que se le enroscó
una serpiente al cuello,
recordó las historias
que el abuelo le contaba al pie de la fogata.

Nunca había sentido tanto frío como ahora,
cuando se trata de la vida, 
las respuestas parecen ser difusas.
Nunca había sentido tanto frío como ahora.

Por la noche lo encontraron sonriente, pálido, frío.
Ahora podría ser una semilla en el bosque.